miércoles, 3 de noviembre de 2010

Rotundidad

Noviembre 3 de 2010.




Emisión del noticiero de las siete de la mañana en RCN.



Informa una periodista acerca de la votación por la legalización de la marihuana en California y dice: Ganó el NO rotundamente. Y luego dicen: tan sólo el 43% de los votantes se decidió por el sí.



¿Un resultado de 57 contra 43 es rotundo? ¿Vale la pena añadirle a ese 43% de los votantes la expresión “tan solo”?



Creo que valdría la pena manejar este tipo de información con un mayor grado de análisis y de ecuanimidad. Un resultado contundente hubiese sido un 90 – 10 o incluso un 80 – 20. Pero que los resultados hayan sido tal como fueron debería ser la base para la creación de nuevos puntos de vista, por lo menos en cuanto a lo periodístico.



Si alguien cree que estoy equivocado, por favor hacérmelo saber.

miércoles, 13 de octubre de 2010

Regresando a la superficialidad

Realmente es impresionante lo sucedido con los mineros en Chile. Todo en su historia encaja perfectamente con una historia de ficción, si no de ciencia ficción. El haber sobrevivido todos juntos, el hecho de que los hayan encontrado a más de 600 metros de profundidad y que se haya creado la forma de regresarlos a la superficie. Todo es conmovedor.

Sin embargo, la primera vez que comenté mi impresión acerca de este hecho a un amigo, le pregunté si es que acaso yo era un ser despreciable e inhumano. Ni siquiera me respondió con rotundidad que no. Pero bueno, aun así lo voy a compartir.

En el momento que escribo esto aún no han sido rescatados todos y cada uno de los mineros y me atrevo a decir que estoy cansado de la historia. Me pregunto por qué se tiene que hacer del drama de 33 familias un espectáculo mediático de tal magnitud, pero sobre todo, me resulta incomprensible la forma en que está siendo narrado y contado.

Lo que debería ser una historia de dolor humano, se convierte en un foco de entretenimiento y diversión. ¿Cuántos van?, ¿ese es el de la amante?, ¿y ese otro abrazó al presidente?, son solo algunas de las preguntas que se cruza la gente en la calle. Como si se tratara más de una telenovela o incluso de un evento deportivo. ¿Es acaso necesario esa exaltación de muestras nacionalistas chilenas?, ¿y el aprovechamiento político es también necesario?

Dicen que hay casi 5 periodistas por cada familiar de los atrapados de la mina de San José.

Y por supuesto que es una historia de interés general, eso no está en duda. Lo inverosímil de los acontecimientos y el desarrollo de los mismos así lo demuestran. Pienso en ello cuando me alejo de los medios, de la televisión particularmente. Pienso en la forma en que sobrevivieron y lo que debió ser la convivencia en esos días de encierro y oscuridad. Pienso en el reencuentro cuando la muerte era prácticamente un hecho. Claro que pienso en ello porque resulta imposible no hacerlo.

También pienso en la cantidad de accidentes de ese tipo que debe haber ocurrido en Chile en tantos años de historia minera. Y en otros países de Latinoamérica. Y del mundo. Pienso en la tragedia de Amagá y pienso en lo ignorante que me siento de no saber casi nada de ese tipo de dramas en el mundo. Pero no se por qué, me imagino que deben ocurrir muchos de ellos.

Pienso en la alegría de las familias de los rescatados en Chile y me imagino lo inimaginable. Emoción desbordada. Me alegro también, como todos, claro está.

Cuando regreso a los medios, regreso también a la sobredimensión, a los excesos y a lo que es peor, a los mecanismos que intentan decirle a la gente cómo interpretar el drama y la tragedia humana. También la alegría y el éxito.

Jaime Enrique Castro

martes, 31 de agosto de 2010

El escudo nacional

Por: Camilo Segura

Por favor, ver el video:

http://www.caracoltv.com/noticias/politica/video-184963-congreso-se-gasta-millonaria-suma-de-dinero-comprar-escudos-de-oro

Los noticieros de televisión ofrecen pocos espacios para notas como ésta. Las denuncias, en los últimos tiempos, parecen una responsabilidad de lo que se denomina “periodismo ciudadano”, olvidando la labor periodística como una mediación necesaria entre ciertas instancias de la vida pública y el ciudadano de a pie.


Por esa razón, vale la pena resaltar denuncias de actos de corrupción en altas esferas del poder, que diariamente son objeto de noticia e intervienen en la vida diaria de los ciudadanos, como el Congreso.

En entrevista con El ojo en el medio, Marcela Ulloa, la periodista responsable de esta nota, habló de su labor investigativa y de las versiones que fundamentaron su denuncia. Pero lo más importante, hizo un diagnóstico de lo que ocurre en las salas de redacción frente a este tipo de temas.

“Nosotros, los periodistas que trabajamos de lunes a viernes, trabajamos al día. Cubrimos cierta agenda, por eso estos temas tenemos que hacerlos fuera del afán de la producción diaria”. Afirmación que, por un lado, denota el esfuerzo que requiere, para un periodista, desarrollar su propia agenda, sus propias investigaciones, en paralelo a las labores que no solo le son impuestas y sugeridas por el medio, sino también por el propio desarrollo de las coyunturas nacionales.

Pero, por otra parte , esta afirmación también genera cuestionamientos sobre las posibilidades que tendrían los medios para desarrollar trabajos de esta clase. Tal vez, si los medios dispusieran de más recursos económicos y humanos para investigar y develar casos como este, podríamos disfrutar de estos productos con más recurrencia.

Felicitamos a la periodista por su labor y hacemos un llamado a los medios a generar más contenidos de este tipo, que , sin duda, son de gran provecho para las audiencias.

domingo, 11 de julio de 2010

El pulpo noticia

Por: Camilo Segura

Es mucha la informaciòn que se produce a partir del desarrollo del Mundial de fùtbol. No son sòlo los partidos de la competición los que generan hechos noticiosos, también el día a día de las selecciones, las particularidades de Sudàfrica, o el frenesí de consumo de los turistas. Todos son hechos fàcticos, o por lo menos materia de un discurso periodìstico.

Lo que no es fáctico, y resulta irrisorio,  es que exista alguna manera posible de prever el futuro. Es aún más hilarante que un molusco pueda predecir los hechos. ¿Estarìan en las noticias del mundo entero las predicciones del pulpo Paul si no fuese posible tener un registro filmico de ellas?¿O, estarìan si no fuese espectacular ver a un pulpo incidir en la dinàmica "mundialista"?

Es claro que no. La misma elección, entre dos cajas con distintas banderas, la podrìa hacer cualquier animal alrededor del mundo, o incluso, cualquier ser humano. Y, por lógica, tener muchas opciones de no fallar, las posibilidades siempre serán de un 50-50.

El pulpo fue noticia por lo insòlito de su imagen. Ver a un pulpo predecir, con éxito, el resultado de un partido es una imagen que cautiva, más si está reforzada por un discurso que le da credibilidad a esos vaticinios.

¿No habrìa bastado con mostrar al pulpo como una imagen insólita? No, pues lo importante pasó a ser comprobar la veracidad de las predicciones. Conforme avanzaron los partidos del Mundial, Paul hacía de "vidente" frente a las cámaras, y sus imágenes recorrían el mundo en cuestión de minutos. "Paul dice que ganará España", "Paul anticipa la derrota alemana", eran los titulares del mundo entero.

No se equivoca Ignacio Ramonet cuando afirma que la espectacularidad de la imagen garantiza la existencia y el precio de la noticia. La producción de un noticiero exige ganancias, y ellas, en nuestros tiempos, son la razón de ser de cualquier oficio. Pero si pecamos por idealismo, es una lástima que, al final, para las salas de redacción, eso sea lo único que importe.

Predicción del pulpo Paul en la televisión argentina

Entrevista de Caracol  televisión sobre el pulpo

miércoles, 2 de junio de 2010

Los resultados del periodismo

Por Camilo Segura

Fueron varias las consecuencias de las votaciones del pasado domingo. Los resultados de la primera vuelta no solo sorprendieron en materia electoral, también evidenciaron que los discursos, la información y las encuestas de los grandes medios colombianos están fallando.


Desde hace varias semanas los medios oligopólicos colombianos nos venían diciendo que Mockus estaba cerca de ganar las elecciones en primera vuelta; luego, que había un empate técnico entre el candidato verde y Santos; y por último, que la diferencia a favor del oficialismo, no era mayor a un dígito. Lo que nunca nos dijeron fue la levedad de la información en la que sustentaban dichas afirmaciones.

Las encuestas son herramientas de doble filo en materia electoral. Basados en ellas, los candidatos replantean sus campañas y atacan los nichos poblacionales donde sus resultados son malos, o fortalecen su campaña donde son buenos. Por otro lado, los ciudadanos -más en Colombia donde la pertenencia o disciplina de partido es casi nula- se basan en ellas para elegir por quién votar. En últimas, las encuestas determinan los resultados de las elecciones.

Pero, ¿qué tan confiable puede resultar una medición que se hace con los testimonios de 1.200 personas (número de entrevistados promedio)? Poco, pues con casi 30 millones de colombianos habilitados para votar, el muestreo resulta insuficiente. Sin embargo, esta información fue inapelable para los medios. Cada uno trataba de hacer ver la encuesta que contrató como la más acertada y completa, evidentemente, por razones de mercadeo. Lo preocupante es que, durante el frenesí electoral, ningún medio o periodista se atrevió a condenar una encuesta que refleja la opinión del 0,0004% de los posibles votantes. Parece que resulta suficiente advertir estos daticos mediante la ficha técnica en pantalla, en un tamaño ilegible, por menos de 5 segundos.

Esto no es un asunto menor. La dinámica multidireccional de las encuestas es, probablemente, la principal protagonista de las semanas previas a las elecciones. Y, en este caso, incidieron o no, dejando a su paso muchas dudas. ¿Qué habría pasado si el error, de casi un 15% en la intención de voto por el partido verde, hubiera ocurrido con otro candidato? ¿Es efectivo el patrón de estas mediciones?¿Es responsable la divulgación que los medios le dan a estos “datos”?

Lo que sí podemos decir de las encuestas es que, por lo menos, sus resultados debieron coincidir (respetando el margen de error) con lo que pasó en las urnas; que los medios no deberían responsabilizar a las encuestadoras sino a los periodistas y a quienes producen la información, pues debieron señalar estas insuficiencias. Y por último, que valdría la pena que, ya que la información no es responsable, los ciudadanos miren con escepticismo lo que se presenta como fáctico.

jueves, 6 de mayo de 2010

“La crítica es la capacidad de mirarse a sí mismo”

Por: Jaime Enrique Castro

Encontrar críticos de televisión en el país no es fácil. De hecho, esa es una de las razones por las cuales existe “El ojo en el medio”. Nos dimos a la tarea de buscarlos para tratar de saber cómo vive una persona que se dedica a este oficio y cuáles son las motivaciones que llevan a un profesional a dedicarse exclusivamente a hablar de la televisión.




Si bien son bastantes los comunicadores que han destinado esfuerzos al análisis y la comprensión de las dinámicas televisivas, en la actualidad son escasos los espacios que evidencien este tipo de estudios en la prensa escrita. Sin embargo, por unanimidad hay un nombre que a gran parte del público le resulta familiar: Omar Rincón.



Al buscar su oficina en la Universidad de los Andes parecía que el destino se empeñaba en confirmar que los críticos de televisión son difíciles de encontrar. Trabaja en un pequeño despacho ubicado en el piso inferior de una bonita construcción que se conoce como la ‘casita rosada’. Esto sólo fue posible saberlo después de preguntar varias veces, salir y volver a entrar a la universidad y mirar a las montañas orientales para tratar de encontrar la famosa casita.



El crítico nos esperaba en su oficina de la Universidad de los Andes para ofrecernos una entrevista. El día anterior ya había advertido que si el encuentro no era esa mañana iba a tener que esperar después de su periplo por Uruguay y otros lugares del sur del continente. Al llegar me dice que está cansado porque ayer llegó de Barcelona de un encuentro al que lo invitaron para hablar de la ‘narconovela’.



Después de las formalidades empieza a hablar de crítica. Cuando entramos en materia, el ambiente de tensión por molestarlo o importunarlo desaparece. Las palabras empiezan a fluir con tal claridad que incluso no parece necesario hacerle preguntas. El orden de las ideas, la seguridad de las afirmaciones y las pertinentes conclusiones nos hacen dar cuenta de que no hay mucho por descubrir, pero sí bastante por entender.



Rincón se dedica a la crítica de televisión porque no sabe cómo dejarla. Le gustaría criticar la radio o la prensa, pero su trabajo lo puso en un lugar muy definido. Alguien lo tiene que hacer. “Supuestamente yo soy el que sé de esto”, dice sin vanidad, con convicción.



Con Omar, referirse a la televisión como un fenómeno masivo del cual todo el mundo habla es innecesario. Referirse a los monopolios económicos y privados como protagonistas de la producción de los medios de comunicación es tan obvio como aburrido. Hablar de la prepotencia de productores y artistas como un obstáculo para la crítica tiene algo de elemental. Y es que la verdad, nada de lo anterior lo descubrió él. De hecho, y esto lo decimos sin prepotencia, nuestra decisión de hacer crítica de televisión en este blog surgió por pensar en esas mismas cosas.



Para Omar Rincón hay algo que está más allá de todos estos factores. Algo que está relacionado con la forma de ser de la sociedad colombiana, con lo complicado que es disentir o estar en desacuerdo en un país como el nuestro. “El problema no es la falta de crítica de televisión, es la falta de crítica en general”.



Una democracia tan debilitada como la nuestra, en donde todo se puede comprar y negociar es el escenario perfecto para una crítica ausente. La quietud que esto produce evita que el poder sufra alteraciones e impide que la democracia se convierta en un espacio de encuentros y desencuentros, donde se pueda andar en múltiples direcciones.



Lo mismo pasa en televisión. Ante una audiencia pasiva, el bombardeo de productos, información y mensajes imparable que busca borrar cualquier tipo de manifestación con otro tipo de razonamiento. No se trata de estar o no de acuerdo, se trata de nuevas alternativas para mirar el mundo a nuestro alrededor. Eso es básico para poder aceptar la crítica como profesión y como género. Mientras el crítico siga siendo foco de odios y envidias, nunca cumplirá su verdadera misión.



Por supuesto que también hablamos con Omar de televisión, de los noticieros y de su trabajo como columnista. No cabe la menor duda de que maneja una gran cantidad de temas con abrumador dominio. Maneja con control su espacio que es la televisión. Pero no fue eso lo que lo convirtió en un crítico reconocido, no fue por ver tanta televisión que se ganó el respeto de los medios y de buena parte del público. Fue porque se dio cuenta de todo lo que la crítica le puede aportar a un país como el nuestro. Seguiremos hablando de televisión pero por ahora, primero lo primero.

martes, 20 de abril de 2010

Terrorismo virtual y fabricado

Por: Camilo Segura

Por favor ver el video antes de leer la columna
http://www.youtube.com/watch?v=w3D1PXdQO_E

El caso de Nicolás Castro no solo da de qué hablar por las numerosas irregularidades que se han dado en su curso, también, por la ligerezas en las que incurre el periodismo cuando ocurren estos episodios “preeminentes” de “terrorismo”. Extraña ver a periodistas protagonizar escenas de propaganda institucional desde una patrulla, o asegurar que es “un error” amenazar al hijo del presidente y no a cualquier otro colombiano, incluso decir que esa es una conducta normal en las redes sociales de internet. Pero lo más preocupante es el liviano discernimiento que se evidencia en el uso del lenguaje de guerra cuando las fuentes así lo desean, un cliché del que muy pocos periodistas se salvan.


Decirle a alguien terrorista no es un insulto menor. Dentro del ideario político actual, sobretodo el de las derechas, el terrorista es un ser irracional que atenta contra la vida porque su único objetivo es hacer el “mal”, obviamente, desde una visión en blanco y negro de la realidad. Una sociedad de “bien” no se puede permitir hablar con el “mal”, porque éste la quiere destruir. Se cosifica al enemigo, con réditos políticos, pues se mantiene el rumbo de quienes lideran las cruzadas del “bien”. Entonces, el terrorismo, como sujeto, es un término evidentemente maniqueo que niega al otro como igual, o por lo menos, su existencia racional.

¿Fue prudente llamar así a Nicolás Castro, si aún no había una sentencia que lo calificara como tal? No, una parte interesada pretendía que así fuera, pero los hechos demostraron lo contrario. Asegurarlo, implica que él no es un ser apto para vivir en sociedad, y eso no es así, según se ha comprobado ¿Quién le va a responder a él por su nombre? Nadie lo va a hacer, porque acá lo que tenga que ver con la familia presidencial parece ser un asunto de Seguridad Nacional, y la dignidad de un individuo, una nimiedad. El cubrimiento está marcado por la sumisión de una nación pseudo-monárquica.

¿Por qué no se califica de la misma manera a quienes desde sus puestos oficiales, o incluso, desde las redes sociales, han puesto en riesgo la vida de personajes como Rafael Pardo, Hollman Morris, Piedad Córdoba, Daniel Coronell, por nombrar algunos? Porque las amenazas contra los que se quieren hacer ver como terroristas son expresiones del “sentir” nacional, no instigaciones al terrorismo. Una evidencia más de la carga política del término.

Por estos días, los medios reportan las muchas inconsistencias del material probatorio contra Nicolás Castro. Es más, con algún tonito justiciero, se dice que el detenido “por fin” está en su casa. Pero nunca se cuestionó su condición de terrorista, pues en su momento, esa fue la mejor manera de mantener latente una amenaza inefable que se cierne sobre los colombianos, los de “bien”, como los hijos de Uribe. Lástima que el maniqueísmo del discurso antiterrorista se lo haya comido todo. Incluso las mentes de los periodistas.