miércoles, 2 de junio de 2010

Los resultados del periodismo

Por Camilo Segura

Fueron varias las consecuencias de las votaciones del pasado domingo. Los resultados de la primera vuelta no solo sorprendieron en materia electoral, también evidenciaron que los discursos, la información y las encuestas de los grandes medios colombianos están fallando.


Desde hace varias semanas los medios oligopólicos colombianos nos venían diciendo que Mockus estaba cerca de ganar las elecciones en primera vuelta; luego, que había un empate técnico entre el candidato verde y Santos; y por último, que la diferencia a favor del oficialismo, no era mayor a un dígito. Lo que nunca nos dijeron fue la levedad de la información en la que sustentaban dichas afirmaciones.

Las encuestas son herramientas de doble filo en materia electoral. Basados en ellas, los candidatos replantean sus campañas y atacan los nichos poblacionales donde sus resultados son malos, o fortalecen su campaña donde son buenos. Por otro lado, los ciudadanos -más en Colombia donde la pertenencia o disciplina de partido es casi nula- se basan en ellas para elegir por quién votar. En últimas, las encuestas determinan los resultados de las elecciones.

Pero, ¿qué tan confiable puede resultar una medición que se hace con los testimonios de 1.200 personas (número de entrevistados promedio)? Poco, pues con casi 30 millones de colombianos habilitados para votar, el muestreo resulta insuficiente. Sin embargo, esta información fue inapelable para los medios. Cada uno trataba de hacer ver la encuesta que contrató como la más acertada y completa, evidentemente, por razones de mercadeo. Lo preocupante es que, durante el frenesí electoral, ningún medio o periodista se atrevió a condenar una encuesta que refleja la opinión del 0,0004% de los posibles votantes. Parece que resulta suficiente advertir estos daticos mediante la ficha técnica en pantalla, en un tamaño ilegible, por menos de 5 segundos.

Esto no es un asunto menor. La dinámica multidireccional de las encuestas es, probablemente, la principal protagonista de las semanas previas a las elecciones. Y, en este caso, incidieron o no, dejando a su paso muchas dudas. ¿Qué habría pasado si el error, de casi un 15% en la intención de voto por el partido verde, hubiera ocurrido con otro candidato? ¿Es efectivo el patrón de estas mediciones?¿Es responsable la divulgación que los medios le dan a estos “datos”?

Lo que sí podemos decir de las encuestas es que, por lo menos, sus resultados debieron coincidir (respetando el margen de error) con lo que pasó en las urnas; que los medios no deberían responsabilizar a las encuestadoras sino a los periodistas y a quienes producen la información, pues debieron señalar estas insuficiencias. Y por último, que valdría la pena que, ya que la información no es responsable, los ciudadanos miren con escepticismo lo que se presenta como fáctico.

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